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UNA COFRADIA EJEMPLAR La Casa de Lúculo, o cómo
se promueve la cultura del vino ALBERTO GARCIA
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| La Casa de Lúculo, un
martes, en plena acción. | La Cofradía La Casa de
Lúculo, fundada en San Sebastián bajo el lema "amistad y sobriedad",
constituye un ejemplo aleccionador de cómo dinamizar, promover y
popularizar la cultura del vino en el seno de una asociación
gastronómica, que puede enorgullecerse de acoger los primeros martes
de cada mes a las bodegas más significativas de todo el país, en una
ágape que rinde homenaje al vino y le busca su mejor compañía.
Esta cofradía,
que toma su nombre de una de las obras principales del gran escritor
Julio Camba, data de 1989, cuando un grupo de amigos con el
propósito de "construir, mejorar, conservar, promover y propagar
todos los productos gastronómicos y enológicos de cualquier clase,
preparados con el tradicional sabor y saber que han legado nuestros
predecesores", inicia sus primeros capítulos en el restaurante
Hidalgo en torno a un menú elaborado por el cocinero Juan Mari
Humada, quien años más tarde pasa a ejercer de anfitrión en su
propio restaurante del complejo Nicol's del monte Igueldo, y hoy de
nuevo trasladado a la ciudad.
Confesados
gastrosóficos-golosos, los hedonistas miembros de Lúculo entienden
su cofradía como una asociación de carácter gastronómico y cultural
en la que obrar con prudencia, inteligencia, discreción, sensualidad
y refinamiento en las cosas del comer y beber. Tan elevados
principios son citados en sus estatutos, en los que además se
prohibe expresamente debatir sobre temas políticos o religiosos y se
distingue entre cofrades numerarios y honorarios. Los primeros,
limitados a un máximo de 35, son varones que pagan sus
correspondientes cuotas y asisten con regularidad a las cenas. A los
segundos (hasta ahora el único nombrado ha sido el cocinero vasco
Juan Mari Arzak), se les distingue por sus especiales méritos y
servicios prestados a la Cofradía..
Años de esfuerzo,
paciencia y aprendizaje han pasado desde las primeras cenas -cuando
no se entraba en contacto directamente con las bodegas, en su
mayoría riojanas, y era complicado conseguir que sus responsables se
desplazasen a San Sebastián- hasta hoy, cuando gracias a una cuidada
y precisa planificación las firmas más reputadas confirman su
participación con meses de antelación, en un evento donde pocas
cosas se dejan a la improvisación.
Ilustres nombres como
Vega Sicilia, Artadi, Abadía Retuerta, Pesquera, Marqués de Riscal,
Murrieta, Fariña, Allende, Can Ràfols del Caus, Dominio de
Valdepusa, Raimat, Torres, Osborne por citar sólo algunos, han
pasado por Lúculo dejando constancia de su impronta y presentado
tanto primicias (Grandes Añadas 98, Clos Mogador 98, Cims de Porrera
98, Clos Martinet 98...) como añadas clásicas (Pesquera Janus 86,
Vega Sicilia Único 90, Chirel 94...)
De igual manera,
vinos punteros de zonas con menos renombre: Agapito Rico, Dehesa Del
Carrizal, Capçanes, Manuel Manzaneque o Enrique Mendoza entre otros,
fueron descubiertos para satisfacción de los insaciables paladares
de Lúculo, ávidos siempre de novedades y sorpresas a buenos precios.
Como puede comprobarse, denominaciones de origen como
Somontano, Priorat, Toro, Penedés, Ribera, Rioja o Jumilla han
protagonizado ya importantes capítulos de la Cofradía, pero según
los responsables de las relaciones con las bodegas, el inmediato
futuro para el 2002 -el 2001 ya está ocupado con bodegas como Roda,
Alvaro Palacios o Clos de L`Obac- pasa por comprobar el potencial de
zonas emergentes como Cariñena o Bullas, y adentrarse en vinos menos
conocidos en el seno de la asociación: nuevos tintos de La Mancha y
el Bierzo, albariños, ribeiros y godellos.
Una forma
de aprender
Los 32 miembros de Lúculo conforman un
grupo heterogéneo en su composición pero muy disciplinado, con
conocimientos y experiencia muy diversas. Todos comparten una
innegable pasión por el vino que ha alborotado el panorama vinícola
de su ciudad, desde posturas abiertas a todo lo que sea calidad y
originalidad. Sin pelos en la lengua, llamando a las cosas por su
nombre, propiciando el diálogo y la discusión, desde el respeto, la
tolerancia y la amistad.
Con la premisa de que el mejor
vino es el que se toma en una buena mesa en la mejor compañía, este
colectivo se aleja del cliché de la 'riojitis' con que se cataloga
genéricamente a buena parte de los enófilos vascos, para
introducirse en los vericuetos de la diversidad vitivinícola de
España y sus múltiples tendencias.
Como ejemplo bien nos
pueden valer las palabras de un cofrade, que enfoca sus preferencias
hacia cualquier vino de calidad nacional o internacional, "con
predominio de fruta madura, madera justa, taninos grasos, equilibrio
y volumen en boca, ya sea catalán, castellano, mallorquín, murciano
o navarro".
La Cofradía es un práctico banco de pruebas
para las bodegas, que pueden exponer su filosofía y comprobar el
impacto y la aceptación de sus vinos cara a cara, frente a un
exigente consumidor potencial que refleja ese mercado real a veces
olvidado. Además, la confluencia de distintas sensibilidades suscita
polémicos debates sobre asuntos muy variados: definición de patrones
varietales, adaptación de las castas a diferentes robles, evolución
del gusto, modos de elaboración, empleo de levaduras, abuso del
roble... Estos temas los discuten los cofrades, observando como
entre copa y copa muchos enólogos se sueltan la lengua para
facilitar la comprensión de sus vinos y hacer accesibles cuestiones
a menudo cifradas en tecnicismos.
Desde un punto de
vista práctico resulta evidente que una asociación como ésta,
vertebrada en torno al vino y tan bien cohesionada y pergeñada,
fomenta un consumo inteligente y ayuda a discriminar calidades.
Los capítulos
La estructura de los
capítulos es sencilla y fluida. Al preámbulo del presidente, Ricardo
Porta, glosando los orígenes de la bodega y el perfil de las
personas que la dirigen, le siguen los comentarios del bodeguero
acerca de los vinos que durante la cena se degustarán. En el
transcurso de ésta, se explican las armonías plato-vino y los
cofrades e invitados (muchas veces críticos y sumilleres)
manifiestan sus preferencias, gustos, dudas y discrepancias, que
tienen sus oportunas réplicas y contrarréplicas en un ambiente
distentido.
Ya en los cafés se extraen conclusiones y
después de los preceptivos agradecimientos, unos cofrades vuelven a
sus casas mientras otros continúan departiendo con los invitados en
animadas e improvisadas tertulias que terminan con más de uno
compartiendo copa y puro.
Un resumen de todos capítulos
de la Cofradía es publicado en 'La Gastrosofía', un boletín mensual
que compendia colaboraciones diversas, artículos de actualidad,
recetas y crónicas de viaje, con la gastronomía y el vino como hilos
conductores.
Desde el año pasado la Cofradía otorga unos
premios anuales al mejor vino, la trayectoria de bodega y el
personaje del mundo del vino. En las elecciones se valora mucho la
calidad humana de la gente, así como la regularidad y singularidad
de los vinos. "Detrás de los vinos siempre hay una persona que es
imprescindible conocer para comprende mejor el vino y darle un
rostro", comenta el secretario de Lúculo.
También una
vez al año se celebra un capítulo denominado "Grande Bouffe", donde
sin bodegas ni invitados los cofrades hacen balance cualitativo del
año, presentan en asamblea las cuentas anuales y disfrutan de un
pantagruélico menú aderezado con una selección de los últimos vinos
catados en la Cofradía. No podía ser de otra manera.
Fecha de
publicación: 02.03.2001
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